El movimiento MAKER y los FABLAB

Colaboratinne Coworking

Últimamente, en nuestras ciudades nos encontramos con muchos eventos y actividades relacionados con la cultura ‘maker’. Las agendas culturales se llenan de charlas, ferias y talleres en las que una nueva generación de artesanos, inventores y diversas mentes inquietas exhiben y ponen en común sus creaciones. Especialmente desde que el emprendimiento se ha convertido, además de una salida profesional, en una tendencia. Detrás de todo este movimiento nos encontramos a los makers, como así se hacen llamar los seguidores de esta corriente que empieza a sonar con fuerza. Pero, ¿qué es realmente el movimiento maker?

Pues el germen de este movimiento se remonta a la creación del primer FabLab (acrónimo de “Fabrication Laboratory”), que surgió en el año 2001, en el MIT. Hoy en día, quince años más tarde, este concepto se ha instaurado en la mayoría de ciudades del mundo con más de 800 centros. En España contamos con al menos 25 de estos espacios.

Estos FabLab surgen como laboratorios locales que proporcionan a los individuos de una comunidad diversas herramientas de fabricación a las que no tendrían acceso normalmente. Como su propio nombre indica, son espacios de producción, fabricación y construcción de objetos físicos con la ayuda de máquinas, ordenadores y otros dispositivos electrónicos, como impresoras 3D, cortadoras y herramientas de programación. Sustentados, gracias, en gran parte, al Open Source y a la libre circulación de datos, que ha facilitado estudiar o trabajar con códigos antes inaccesibles.

Sin embargo, no se destinan a un determinado gremio como podrían ser la ingeniería o la arquitectura. Existen laboratorios generales y otros más específicos. Los FabLab son facilitadores, en los que sus usuarios pueden llevar a la realidad una idea o simplemente experimentar. Y todo ello apoyado en un entorno colaborativo, junto a otros makers que compartirán y ampliarán sus conocimientos en diferentes y diversos campos.

La idea de los fablab es apropiarse de las técnicas de producción y autoalimentarse de las ideas y proyectos de sus propios usuarios, con el concepto de que cualquier persona puede mostrar curiosidad por el mundo maker y hacker, y aprender fácilmente a trabajar con las máquinas y herramientas que estos laboratorios ofrecen. Al fin y al cabo, un maker puede ser cualquier individuo que tiene una inquietud y la desarrolla.

Se abre así el camino a la fabricación personal y a la individualización de la producción. Surgiendo la figura de estos makers, personas que hacen realidad sus ideas de una forma artesanal, saltándose las muchas de las trabas que suponen los procesos industriales. Siendo capaces de llevar por si mismos un proyecto desde sus etapas iniciales hasta la realización final del mismo gracias a las herramientas que ponen a su disposición estos espacios.

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